Ricos y más ricos
Por Paco Rabadán Aroca 15/01/2014
A lo largo de la Historia, ha existido una muestra inequívoca sobre el aumento del número de pobres, y es que los ricos sean cada vez más ricos. Según los datos publicados por el índice Bloomberg, las 300 personas más ricas del planeta vieron incrementada su fortuna en 3,7 billones de dólares en este recién acabado año 2013, con crisis mundial, o como queramos llamarla, incluida.

Esto es así: el dinero que circula es un bien escaso, se mueve durante un tiempo y al final de su ciclo acaba en las manos de alguien que lo atesora. Nadie se hace rico soltando dinero, sino escondiéndolo debajo del colchón o invirtiéndolo en asuntos que le generarán más dividendos, para luego esconderlos debajo del colchón.

Tomen nota de este consejo en el caso de que aspiren a ser ricos: hay que empezar por no gastar dinero. Sé que puede parecer una paradoja, puesto que el dinero sólo sirve para gastarlo, pero la realidad de las cosas suele ser mundana cuando decidimos llevar la teoría a la práctica. Querer ser algo distinto tiene un precio, y el dinero es lo más caro que vamos a encontrar.

Tres nombres lideran la lista de los 300 (una malévola asociación de ideas me recuerda al poema épico de Herodoto sobre los espartanos y la custodia de las Termópilas, suponiendo que estos defenderán cada centavo de su fortuna con igual ímpetu y motivación). El primero es Bill Gates, que incrementó su patrimonio un 20% hasta los 78.500 millones.

El segundo es Carlos Slim, y el tercero Amancio Ortega. Tres tipos cuya cantidad de millones, y suponiendo que cada millón pese un kilo, supera con creces el total de toda su familia, todos sus coches y, con seguridad, todas las personas que están a su servicio. Si hubiera justicia, una persona no debería superar nunca su propio peso en millones, siguiendo una lógica que me acabo de inventar, claro.

Pero pasemos a otro asunto dentro del mismo tema, o se me va a notar mucho la envidia que destilo por las cuentas corrientes de estos tres hombres (y el consiguiente regalo de toallas, vajillas y baterías de cocina que lleva implícito, que debe de ser desmesurado).

El otro asunto es qué nos ofrecen a los pobres estos tres ricos, puesto que nuestros deseos son los que han amasado sus fortunas. El primero, Bill Gates, nos saca los cuartos con la informática. Carlos Slim lo hace con las telecomunicaciones y, el tercero y español de pro, Amancio Ortega, nos vende pantalones y camisas. Analicen ustedes mismos el percal: ordenadores, banda ancha y ropa.

Lo triste, lo más decepcionante, no es ni mucho menos que estas tres personas sean las más ricas del mundo, sino las tendencias de consumo que los han coronado con tal honor. De ellos, su fortuna sólo dice que supieron estar en el sitio adecuado en el momento justo. De nosotros, que nuestras prioridades están claras a la hora de gastarnos la pasta: ordenadores, banda ancha y ropa.